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te amo. yo tampoco

Capítulo 2: 

Volvimos! Me extrañaste?

pensaste en mi?

Si todavía no leíste el capítulo 1, te recomiendo empezar por ahí

Carolyn Bassete & JFK. Jr: El último amor pre-redes

Era jueves a la tarde y estaba en el free shop del aeropuerto de Londres. Había terminado de ver Love Story dos días atrás y seguía re en esa. Viste cuando una película o una serie te impacta tanto que cambias tu personalidad por unos días? Bueno así.

Nunca compro en el free shop (a excepción de algún chocolatito de vez en cuando), pero cuando vi que el perfume de Calvin Klein estaba con 20% Off, mi cuerpo se movió solo hacia el mostrador. Mi mirada laser focus yendo hacia la botellita. Pasé entre la gente super rapido, olí la muestra, saqué los dollis y salí del free shop con la bolsita azul y mi perfume adentro.

Me pareció un gran guiño a Carolyn. Un token material de lo que la serie había dejado en mí. También un auto regalito de felicitaciones por haberme animado a ir a Londres sola y haber cumplido con mis responsabilidades y objetivos. 

Carolyn Bessette trabajaba en una tienda de Calvin Klein en un shopping random de Estados Unidos. Un día, una manager fue a hacer recorrido de tiendas (gente de marketing que trabajó en trade lo entenderá) y la vio gestionando excelentemente a una clienta en crisis. Olió que Carolyn tenía algo, y le ofreció un puesto en las oficinas de la marca, en Manhattan, en ese mismísimo instante. 

Comenzaban los 90s, y los newyorkers venían medio cansados de los excesos de los 80s. ¿Viste cuando te levantás después de una noche que fue un montón  y decís “no tomo nunca más”?, esas vibes. 

El joven Calvin Klein noto este cansancio y vino a traer lo que se necesitaba: depuración, limpieza, simplicidad, y así nació la clean girl antes de que existiera el término.

El uniforme: colores neutros, cero estampas y ruido saturador. Pelo tirante para atrás, uñas naturales y un paquete de Marlboro siempre listo en la cartera, para fumar hasta en la cama. 

JFK Jr., por otro lado, era el hijo de uno de los presidentes más mediáticos de la historia estadounidense. Venía de una familia marcada por escándalos gigantes, tragedias y una exposición constante. Había sido nombrado el hombre más sexy del mundo por la revista People, había salido con celebridades, era lindo, educado, tenía plata y encima parecía genuinamente interesado en hacer algo bueno con ella.

Carolyn odiaba la prensa, las cámaras y las fotos. Era privada, clásica y tenía una personalidad que no negociaba. No tenía miedo a poner límites o expresar lo que pensaba, cayera bien o mal.

Se conocieron en una fiesta de Calvin, él mismo los presentó, y arrancaron nomas. (señal de que tenés que salir este finde?) 

Mientras más leo sobre ellos, más me obsesiona una idea: vivieron su historia en uno de los últimos momentos de la humanidad donde todavía era posible no saber.

Carolyn no podía despertarse y ver que a John le habían subido ochenta seguidores después de una fiesta. No podía entrar a buscar quién le comentaba los posteos, ni revisar dónde había estado, ni reconstruir una cronología completa de su vida amorosa antes de conocerlo. – Y John tampoco podía stalkearla antes de la primera cita. No sabía cuál era su cafetería favorita, qué pensaba sobre política, sus gustos musicales o qué había hecho un martes cualquiera de 1993: Tenían que preguntárselo.

Morite de amor cagón

¿Cuántas veces vimos una película o serie y le quisimos gritar a la pantalla: DECILE. DECILE QUE LA/LO AMÁS. 

Todos los personajes (reales y ficticios) dudan de si sus sentimientos son recíprocos. El miedo es que te digan que no. Pero, cómo lo vas a saber si nunca lo intentás? Lo peor que te puede pasar es exactamente eso, que te digan que no. JFK juntó el coraje necesario para ir hasta la oficina de Carolyn y invitarla a salir, no tenía ningún indicio ni confirmación real de que iba a salir bien y fue igual (te tomo el punto de que, siendo quien es, seguro su margen de error era más pequeño, pero me entendés) 

Como confiar da vértigo, creamos pasos intermedios. Señales. Estrategias. Pruebas piloto. Algo que nos ayude a calcular las probabilidades antes de exponernos.

Comunicamos necesidades a través de historias de Instagram. Fingimos desinterés cuando es exactamente lo contrario de lo que sentimos. Analizamos respuestas, horarios, likes y visualizaciones como si estuviéramos resolviendo una ecuación con letras.

Y no digo que esté mal, a veces solo nos divierte el juego (siempre y cuando los 2 lados están jugando). Pero sí siento que nos estamos volviendo muy cómodos con no decir. Como si para participar del amor romántico hoy en día, hubiera que aprender un idioma paralelo compuesto por señales encubiertas y mensajes para descifrar. Como si el objetivo fuera minimizar cualquier posibilidad de vulnerabilidad.

Carolyn y JFK no tenían ese idioma disponible. Tenían que preguntarse las cosas.

Lo casual

En el capítulo anterior hablaba de que el enamoramiento tiene fecha de vencimiento. Y capaz algunas historias también la tienen, y está bien.

Hay relaciones que nacen sabiendo que van a terminar. Un amor de verano. Una persona que conocés viajando. Alguien que está de paso. Alguien con el cual estás desencontrado o vive en otra ciudad. 

Sin embargo funcionan, justamente porque nadie les está pidiendo que duren para siempre.

Durante mucho tiempo pensamos que el éxito de una historia de amor dependía de cuánto duraba. Pero, hoy, no sé si estoy tan de acuerdo. Hay vínculos de tres meses que te cambian la vida más que algunos de tres años.

Entonces, si ya no medimos todo por duración, ¿por qué seguimos queriendo tanto a quienes no nos eligen?

te amo, yo tampoco

Tengo una teoría. Creo que nos gusta la gente que no nos elige porque todavía es una posibilidad. Mientras alguien no te eligió, puede ser cualquier cosa. Puede ser el amor de tu vida, una historia espectacular, la persona perfecta. Una vez que te elige, aparece algo mucho menos glamoroso: la realidad.

Y las redes potencian eso al máximo. Muchas veces la persona que creemos que nos gusta no nos gusta tanto, sino que nos gusta la idea de esa persona. Cómo quedaría en nuestra vida, cómo se verían las fotos, qué dirían nuestros amigos. Pero todavía no sabemos si realmente queremos pasar una tarde entera con ella, o que cenen con nuestra familia, porque antes de conocerla ya consumimos una versión editada y curada de quién creemos que es.

Siento que el problema no es que ahora sabemos demasiado de los demás. Es que sabemos, demasiado temprano, una versión construida manualmente de ellos. Y encima, si no nos cierra del todo, hay infinidades de otras opciones similares un swipe a distancia

La primera parte de esta historia hablaba de la fuga con testigos. Porque así nos enseñaron a pensar el amor: como una narrativa épica, una certeza, una respuesta.

Esta se llama te amo, yo tampoco porque hoy estamos viviendo otra cosa. Una generación que quiere exclusividad pero también libertad. Que quiere intimidad pero también independencia. Que quiere ser elegida sin perderse en el proceso.

¿QUÉ queremos?

Capaz la forma de transitar el amor romántico hoy en día sea saliéndose un poco de la cabeza e ir a ver. Ir a probar. Soltar expectativas. Entender que no toda persona que nos gusta tiene que convertirse en una historia, y que no toda historia tiene que durar para siempre para haber valido la pena.

Porque al final del día, no creo que las redes nos hayan vuelto más superficiales o menos románticos. Creo que nos volvieron excelentes recolectores de información y pésimos tolerando la incertidumbre.

Queremos saber si le gustamos antes de acercarnos. Queremos saber cómo va a terminar la historia antes de empezarla. Queremos garantías para sentimientos que, por definición, nunca las tuvieron. Tal vez por eso la serie sobre Carolyn y John fue tan bien recibida. No porque hayan vivido un amor perfecto ni porque pertenezcan a una época mejor (aunque aguante los 90s), sino porque tuvieron que hacer algo que cada vez hacemos menos: avanzar sin saber.

Preguntar sin tener la respuesta.

Elegir sin certezas.

Porque enamorarse siempre fue un poco eso: un salto.

El amor romántico nunca fue una decisión 100% segura. Era vértigo en 1995 y sigue siendo vértigo hoy. La única diferencia es que ahora tenemos 4G. Y aun así (y por suerte) nadie encontró una forma de evitar el momento más importante de todos: cuando dejás de interpretar señales, cerrás Instagram y te animás a averiguar qué pasa.

Morite de amor.

v-

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