Por: Valentina Preiti
Para vivir en un mundo donde existe la peli Singin’ in the Rain, tuvieron que ocurrir aproximadamente 700 milagros consecutivos.
Primero, a alguien se le tiene que ocurrir una idea. Después, plasmarla en un guión y lograr que alguien lea ese guión. Seguido de inversiones, reuniones, llamadas, contratos, castings, ensayos, disciplina, compromiso, motivación, salud, tiempo.
Uno de esos milagros requería de otros miles millones de milagros en sí, como la estructura del “relato enmarcado” que te enseñaron en la primaria. Este milagro, se llamaba “Technicolor”

Filmar una película en Technicolor en los años 30 no era simplemente “usar una cámara a color”, era un laburazo.
Se usaba una cámara enorme con tres lentes distintos funcionando al mismo tiempo, cada uno capturando un color diferente: rojo, verde y azul. Después, en laboratorio, esas tres imágenes se combinaban y recién ahí aparecía el color final. Pero eso no era todo!!!!
Las cámaras no se podían comprar, la empresa Technicolor te las alquilaba y encima mandaba a sus propios técnicos al rodaje para asegurarse de que todo se usara exactamente como ellos querían. (agradecele al Technicolor por crear el micromanagement). No era solamente una cámara: era un sistema entero de cuatrocientos mil pasos para obtener un solo frame.
No cualquiera filmaba en Technicolor, era caro, lento. Complicadísimo. Pero no les dejo decir que no valía la pena. Cada fondo parecía pintado a mano, cada escena tenía una intensidad casi irreal pero nunca empalagante. Como si alguien hubiese decidido que el mundo no tenía por qué verse siempre igual a la realidad.
Hoy, cada película, serie o publicidad pasa por un proceso de color grading. Básicamente, alguien decide después de filmar qué tan saturado, cálido o vivo va a verse todo. Pero a diferencia de los que elegían Technicolor, hoy pareciera que hay una decisión estética casi universal: MENOS COLOR.
Si no me crees a mi, señoras y señores… el color del año: CLOUD DANCER- EL BLANCO.
Por qué blanco? por qué ahora? Por qué se llama como una canción de Maroon 5?
A principio de año se armó una discusión enoooorme dentro de la comunidad del diseño, ya que Pantone eligió a “Cloud Dancer” como el color del 2026 . Por un lado, había gente diciendo que era muuuy vago y muuuy aburrido, y por el otro gente enojada con las personas tan indignadas por —-un color—
Para clarificar (o justificarse) Pantone describió al tono como:
“Elegido para funcionar como una influencia calmante en una sociedad acelerada, representa reflexión silenciosa, claridad y un deseo de un nuevo comienzo.”
Pero, por lo menos para mí, el color no transmite calma, transmite vacío. Tiene color a esa persona que te encantaría que te guste pero que, en el fondo, sabes que no te genera ganas de cantar bajo la lluvia. A departamento sin habitar. A falta de juego!!!!. A esa estética donde todo intenta verse limpio, minimalista y emocionalmente controlado hasta el punto de parecer nada. Dónde está la línea entre lo tranquilo y lo “sin vida”?
Atlas of Shows se sumó con un post diciendo:
“Un color es más que una impresión visual. Es una expresión antropológica, un lenguaje cultural moldeado por la historia, los materiales, los rituales y los sistemas de creencias.”
Entendiendo esto, el revuelo de Pantone no es realmente sobre un color sino sobre lo que ese color simboliza, porque quizás el “cloud dancer” no habla solamente de tendencias sino del estado emocional de todo una época
Y si no nos gusta, capaz no es culpa de Pantone. Capaz no nos gusta porque nos vemos reflejados ahí, tanto en el color como en la vida: la ironía reemplazó a la sinceridad y lo ”simple” y reemplazó al juego.
Creo que la pregunta no es solamente dónde está el color. La pregunta es: cuándo fue la última vez que lo elegimos por encima de lo seguro? Porque no es que el color se fue a comprar puchos y no volvió, nunca desapareció realmente.
Sigue existiendo en las cosas hechas con atención, en películas donde alguien pasó meses iluminando una escena para que veas que existe la magia. Capaz el color está donde hay esfuerzo. Donde existe intención. Donde existe juego.
Extrañar el Technicolor no es nostalgia vacía o romantización del pasado, es extrañar la creencia de que el (y tu) mundo merece verse más vivo.
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