Cultura de la moda, Tendencias

Nadie te está mirando. ¿O sí? ¿O no?

Por: Valentina Preiti

Hace poco una chica escribió un artículo titulado “Normalicemos no decirle nada a nadie”. Dentro del mismo, hizo una GRAN distinción que me dejó pensando – vieron esos pensamientos que te guardás para cuando estás en el colectivo o en algún transporte público? Esta chica diferenciaba entre “lo secreto” y “lo privado”.

Decía que “lo secreto” es querer esconderse, ya sea por miedo o vergüenza. Mientras que la privacidad es una elección. Una forma de mantener libre de juicios, miradas u opiniones algo que querés que, por ahora, siga siendo solo tuyo. Puede que sea algo tan precioso para vos que no querés compartirlo con todo el mundo como si nada; como que el popularizar eso que es privado haga que inmediatamente pierda su valor, se percuda.

Apenas terminé de leerlo agarré el celu y empecé a grabar unas historias hablando de todo esto. No estaban mal, pero tampoco se entendía taaanto a qué quería llegar; en el afán de mezclar el texto con mis sentimientos quedó como un video de influencer pidiendo perdón.

Hice una mini pausa, me miré medio “desde afuera” y vi lo irónico de la situación. Estaba literalmente diciéndole al mundo todas mis razones para no decirles nada.

Como buena overthinker, arranqué:
¿Estoy eligiendo ser privada porque me hace bien o lo estoy siendo para esconderme? Uso la privacidad como justificativo ante una audiencia que siento que me mira (énfasis en siento)? ¿Quiero hablar del artículo porque realmente me resuena o porque encaja perfecto con la narrativa que estoy construyendo de mí misma? ¿Cuánto de lo que hago es una decisión propia y consciente, y cuánto es performativo?

.       

.                     .                     

Manual para desaparecer con estilo:

Como siempre, ir a cosas que me apasionan para encontrar respuestas a mis preguntas filosóficas, funciona. Así es como vino el silent fashion/quiet luxury a la cuestión. Una “filosofía” dentro del universo de la moda donde se prioriza la simplicidad, materiales de muy buena calidad y una elegancia discreta en vez de logos gigantes o flashy branding.

Esta filosofía fue, es y será utilizada por miles de personas. Pero pasa algo raro cuando quiere convertirse en mainstream. Los coolhunters y trend forecasters le dijeron a Zara: “che, el quiet luxury se está RE pegando”, entonces Fede y Cami del equipo de marketing se pusieron manos a la obra y a las pocas semanas aparecieron campañas digitales tipo: “Quiet luxury items que necesitás este verano».

Y ahí algo empieza a sonar raro.

El problema no es que Zara haga minimalismo. El problema es cuando hasta el silencio empieza a comercializarse.

Pienso en alguien como Jil Sander y en cómo su minimalismo nunca fue solamente una cuestión estética. Sus diseños tenían algo casi silencioso: líneas limpias, colores neutros, prendas sin logos gigantes pidiendo atención. No era ropa hecha para demostrar algo o gritar status a los cuatro vientos, el silencio ya era el statement, no había nada más que agregar. Si tienen un rato, por favor vean este desfile de Jil Sander. Más específicamente: escuchen la música, suena el CAPO de Mk.gee, que podría hacer un artículo aparte solo de él. Viene haciendo canciones nostálgicas y futuristas, como si estuvieran grabadas dentro de ese momento de la mañana dónde estás medio dormido y medio despierto. El desfile entero se siente así: silencioso, contenido, pero igual profundamente emocional.

Quizás ahí está la diferencia. El silencio puede ser una decisión elegante cuando no nace de emociones como el miedo a mostrarse, sino de no necesitar el visto bueno externo para sentirnos satisfechos con nuestra vida.

El peligro de no pensar en qué, cuándo y cómo elegimos mostrarnos, es terminar viviendo en función de una audiencia imaginaria. De construir versiones nuestras pensadas para ser consumidas, incluso cuando, en el fondo, ni siquiera estamos seguros de quererlas.

Últimamente se habla muchísimo de la #autenticidad. Las marcas quieren ser auténticas, las personas también. Y aunque a veces parezca otra estética más para consumir, también puede ser una oportunidad real para preguntarnos qué cosas sí queremos conservar solo para nosotros.

Como acá somos team vaso medio lleno; así como existe el lado performativo de las cosas, también existe el lado honesto e inocente. Es re válido probar, jugar con lo que te llama la atención. Podemos vivir millones de vidas dentro de una sola; no hace falta casarse para siempre con una única forma de ser.

                                               .               

El ciervo bebé lo explica mejor.

Esta maravillosa pieza fotográfica me hace reír cada vez que la veo. Me parece absurdísimo ponerle un micrófono a un ciervo bebé como si tuviera que dar explicaciones de quién es y qué hace.

El ciervo solo ES.

No necesita anunciar nada. No le debe explicaciones a Cristina Pérez. Y si sí dice algo (o maúlla no sé qué sonido hacen), genial. Nos alegramos por él y seguimos con nuestro día.

.    .     

Acá el objetivo no es condenar a quien sube 2903092039 historias de Instagram ni tampoco alabar a quien “protege su paz y su energía”. Subas o no subas, cuentes o no cuentes,  o estés en algún punto intermedio tratando de descubrirlo, la idea es que sea una elección propia y consciente. No una orquestada por estrategias de marketing o por un contexto que espera que compartas porque debés hacerlo.

Acordate de que sos como ese ciervo; (no voy a hacer chistes de cuernos todavía, no tenemos tanta confianza) hables o no, te queremos igual <3

v-

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *